Rolando
Rolando era timido, aparentemente por naturaleza.
Sus amigos solian burlarse de el, porque jamas en su vida habia hecho algo de lo que pudiera arrepentirse o por lo que tuviera que pedir disculpas.
Sus papas consideraban que nadie podia haber tenido mas suerte que ellos, les habia tocado un hijo de los buenos.
Jamas discutia con ellos, obedecia de forma automota, callado, nunca hablaba si no se le preguntaba algo, su presencia era como un fantasma.
Lo unico que resaltaba de aquel muchacho eran esos ojos verdes, penetrantes, pero sin vida, podria atreverme asegurar que incluso estaban muertos...
Pero nadie sabia con exactitud lo que pasaba por su cabeza, por sus pensamientos, a veces llegaba atemorizar, parado en el rincon solo viendo, sin pestañear, parecia un animal esperando el momento justo para atacar.
Aquella noche, cuando llegó a casa, encontró visitas, su mamá conversaba animadamente con otra señora, mientras una niña jugaba en el piso. Era una pequeña fragil, con ojos hermosos, y sonrisa timida.
Rolando intentó acercarse, pero la niña comenzo a llorar asustada, y su llanto resonaba en la cabeza de el, como agujas incrustandose en su cerebro, no soportaba ese sonido, queria callarlo como fuera, era insoportable, sus labios se crisparon, sus manos se fueron cerrando en puño, comenzo a sudar frio, solo queria golpear, matar, terminar con aquel sonido que le torturaba.
Salio corriendo de la estancia, al llegar a su habitacion comenzo a gritar: callate, callate,
mientras tiraba todo a su paso, libros, lampara, buros.
Ante su desesperacion empezaron a brotar lagrimas de sus ojos, se tapaba los oidos con desesperación, pero el llanto seguia en su cabeza cada vez mas fuerte, mas doloroso.
Fue entonces cuando lo penso, la forma de callar aquel llanto, en sus manos se acumuló la muerte y el dolor.
Bajo las escaleras en silencio, llegó a la estancia donde solo estaba aquel cuerpecito pequeño debil, dormido sobre el sofa.
Se dirigio a la mesa de centro, donde se guardaba aquel filoso abre cartas, con el que se habia cortado tantas veces.
Lo tomo y camino rumbo al sofa, sin hacer ruido, beso la frente de la pequeña dulcemente mientras le cortaba el cuello de izquierda a derecha con un movimiento lento, para ver brotar la sangre.
La niña no sufrio mucho, solo abrio un poco los ojos; mientras se desangraba Rolando se sentó frente a ella, veia brotar la sangre y en sus ojos verdes, se asomaba un dejo de felicidad, y algo inesperado ocurrio.
Aquel dia de muerte, Rolando sonrio.