Si ese sillón hablara
Mi mamá propuso cambiar los muebles de la sala, quiere nuevos muebles.
Y en la esquina, justo enfrente de los jugueteros que me hicieron compañía en mi infancia, donde mis muñecos tenían fiestas mientras yo dormía; estaba cabizbajo aquel sillón donde yo hacia mi fiesta privada, mientras mis papás dormían.
Muchas veces oí la frase “si las paredes hablarán”, créanme en mi caso seria “si ese sillón hablará”.
De todos los muebles de mi casa, ese sillón siempre fue mi favorito.
Es de mimbre, grande, caben 3 personas, es cómodo y entro perfectamente acostada.
Cuando estaba deprimida, bajaba en silencio, y me recostaba en el, con solo la luz de farol haciéndonos compañía.
En los días que no había nadie en mi casa, ponía la música a todo volumen y con mi libro me tumbaba en el sillón, sin pensar en nada.
Ese sillón estuvo a la intemperie en mi cumpleaños número 16, porque fue en el patio y nos quedamos sin sillas. Vio la borrachera de mis amigos, oyó secretos que nadie mas sabe.
Y cuando andaba con aquel extraño sujeto, nos sirvió de colchón, a veces nos acomodábamos y dormíamos, otras escuchábamos el deseo.
Sabe de besos, de secretos, de confesiones, de viejos amores y de nuevos amigos.
Y ahora, quieren desecharlo.
Estuvo presente en mi infancia, cuando me dieron las paperas, pasaba horas recostada en la sala, cuando me dejaron plantada la primera vez, me brindó su apoyo.
Es quizá una de las mas viejas pertenencias de mi casa, siempre ahí, junto a la pared, a un costado de la ventana.
Vio mi vida pasar, y ahora cuando se lo lleven al basurero, muchos de mis recuerdos, se irán con el.